sábado, 12 de junio de 2010

UN CUENTO PARA RECORDAR


EL MUNDO DE LOS DECIMALES


En la mesa de estudio de Miguel, había una gran agitación. De sus deberes de matemáticas habían salido los números y se paseaban discutiéndose por encima de los papeles. La coma de la operación con decimales estaba confundida:

-¿Dónde tengo que estar yo?-decía moviendo los brazos de un lado para otro. Si me pongo un número a la derecha, el 3 se enfada. Y si me muevo hacia la izquierda el que se enfada es el 8. A mí me da igual. Yo lo que quiero es hacer las cosas bien y que todos estemos contentos.

-¡Yo tengo más derecho que el 8!-decía el 3, que era muy orgulloso.

-¡Mentira, yo soy mayor y tengo preferencia!-replicaba el 8.

-Eres mayor, pero menos importante.

-No sirvo para nada, mejor que me vaya-decía triste la coma en vista de todo lo que sucedía.

-¡Nooooooo!-se oyó por toda la mesa. Todos los números estuvieron de acuerdo en eso y se pusieron alrededor de la coma para que no se fuera.

-Está bien, chicos, quiero decir, números; me quedaré aquí, pero... ¿cómo resolveremos el problema?

Nadie sabía qué hacer. El 3 y el 8 no se hablaban y ya se empezaban a formar conjuntos a favor del 3 y conjuntos que daban la razón al 8.

El 1 vió que las cosas no podían seguir por ese camino y dijo:

-Pongámonos en fila para hablar de esta envidia que nos tenemos los unos a los otros.

Todos los números se pusieron en orden y empezaron a discutir. Al cabo de un rato de hablar sin decisión, aparecieron sobre la mesa las hermanas más famosas en el mundo de las matemáticas. Sí, eran la suma, la resta, la multiplicación y la división. También conocidas como “las operaciones”. Venían hablando y cuchicheando sobre sus últimos trabajos y al oir gritar al 1 se callaron de golpe.

-¿Qué os pasa, chicos?-dijo la división.

Todos guardaron silencio, ya que la división, a pesar de su aspecto amable e incluso atractivo, era la operación más temida por su fuerte carácter.

Finalmente, el 4, que casi no había hablado, fue el que se atrevió a explicar la situación.

-Pués que nadie tiene trabajo y se pelean por ser más importantes.

Las operaciones se miraron con una expresión entre divertida y de cierto desdén, sin poder entender como habían llegado los números a ese punto. Hablaron en corrillo un minuto y acto seguido encontraron la solución. Por algo eran las más listas y admiradas.

-Pués nosotras os daremos trabajo-dijo la suma, la más extrovertida y coqueta de las cuatro.

Los números y la coma no lo podían creer. ¿De verdad las cuatro hermanas habían solucionado su gran problema? Todos se juntaron para oir mejor lo que les iban a proponer. Empezó a hablar la división:

-Un grupo que venga conmigo que haremos una división. No tengais miedo. Es difícil, pero cuando se consigue es muy satisfactorio.

-¡A mí me dais otro grupo y multiplicaremos!-dijo la multiplicación, la más divertida y risueña de todas.

-Y a mi otro grupo que restaremos-dijo la resta un poco más bajito. Era un poco tímida y pesimista, pero era tan trabajadora como sus otras hermanas.

-Pués para mí los que sobren, incluida la coma, que haremos una suma con coma. ¡Veréis que divertido!

Y así es como todos los números del mundo tienen su trabajo. Y, además, todos son suficientemente importantes. ¿No os parece?

No hay comentarios:

Publicar un comentario